EXISTENCIALISMO

¿Viviré auténticamente  o  dejaré que otros vivan por mí?

Si eres de los que crees que cada quien se construye su propio destino, que en esta vida cada quien es libre de decidir cómo vive, que no hay nada predeterminado y eres tú el que siempre, SIEMPRE, elige de acuerdo a tu verdad; si crees que de lo único que cabe preocuparse en esta vida es de esta vida, y no de un montón de abstracciones que no dicen nada sobre ella, entonces, probablemente, tu filosofía de vida va de la mano con el existencialismo. Pero, ojo, probablemente. Porque puede ser que digas creer en ello solo cuando terminas de leer el libro de tu autor motivacional favorito, o al ver una de las tantas inspiradoras charlas de TedTalk, o quizás cuando compartes frases de superación personal en Instagram o Facebook, puede que creas en ello solo de palabra, que te guste coquetear con la idea de libertad, pero que en tu vida práctica, la real, la que cuenta, seas exactamente la figura que el existencialista critica:  uno que vive de sentidos prestados, alimentándose  de la verdad de otro, un mero seguidor (follower). Si este es tu caso, como el de muchos de nosotros, ¡calma! Recuerda que no hay nada definitivo, ni siquiera tu.

Los existencialistas supieron que la decisión de vivir de acuerdo a la propia verdad era una decisión bastante dura, pues no es meramente una decisión que parte de la voluntad, sino que en ella uno invierte todo su ser (TODO: uno no se invierte a medias, tratando de conservar lo que uno es mientras se intenta ser de otro modo). Tampoco es una decisión que se da una sola vez y queda garantizada para siempre. Digamos que nadie existe de una vez por todas auténticamente, éste modo de existir debe reafirmarse en cada paso de vida: así como la vida perdida puede ganarse, la vida ganada también puede perderse. En la existencia no hay nada definitivo.

¿Qué es el existencialismo?

Primero que nada, el existencialismo no es una sola filosofía de vida, sino todo un movimiento intelectual y cultural cuyo punto en común fue un “volvamos a comprender al individuo concreto”, “volvamos a la existencia misma”. ¿Cuál es la naturaleza de nuestra existencia? ¿Cómo el individuo se relaciona existencialmente (no cognitivamente) con el mundo? Estas fueron las preguntas que se plantearon todo un grupo de intelectuales y literatos como Kierkegaard, Heidegger, Sartre, Dostoyevski, Camus, etc. Cada uno de ellos partió de esta misma problemática respecto a la indagación sobre la existencia, resolviéndola, no obstante, de manera bastante divergentes. Así que decir que el “existencialismo” es A o B o C seria generalizar. Mientras para Kierkegaard la filosofía de la existencia puede ir perfectamente de la mano con el cristianismo, para Sartre, la existencia o no existencia de Dios es irrelevante cuando uno intenta pensar lo humano. Dostoyevski busco representar a través de sus personajes la decadencia del existir inauténtico, mientras décadas después, Camus, asumiendo la falta de absolutos de la vida, volcó su pensamiento al análisis del suicidio. Todos estos autores, sin embargo, partieron de unos supuestos comunes:

No puede haber “conocimiento” de la existencia humana. Todo conocimiento, de la manera cientificista como lo entendemos actualmente, implica que el sujeto se distinga del objeto, que uno  y otro mantengan una distancia. Asimismo, el conocimiento supone que tanto el sujeto como el objeto se encuentran dentro de una totalidad (mundo) que no esté puesta en cuestión (Nicola Abbagno). El saber científico trabaja de esta manera, y hasta finales del siglo XIX, el saber filosófico también hizo suyo este proceder científico-objetivo. Gracias a esta forma de proceder, la elaboración de sistemas teóricos es posible. Como bien sabemos, en todo sistema teórico, los objetos que buscamos conocer quedan agrupados bajo un conjunto de categorías y enunciados. Pero si yo veo mi propia existencia, ¿acaso al sujeto –yo− y objeto –yo− son dos instancias separadas y distintas? Evidentemente no. ¿Acaso, el mundo en el que está inscrita mi existencia reproducirá alguna vez las mismas condiciones como si se tratara de un laboratorio? Tampoco. ¿Qué significa entonces “conocerse a sí mismo”? ¿Dónde me puedo conseguir a mí mismo, como individuo concreto, singular, que habita en un mundo que cambia a la par que yo mismo? Me puedo conseguir no desde el conocimiento sino desde la indagación, metiéndome en mi propia existencia para comprender que dice desde dentro. Al hacerlo, ¿Qué descubro? (o ¿Qué descubrieron los existencialistas?)

Antes que nada, la existencia es siempre una indagación, es siempre una búsqueda de sentido. Mi existencia, comprendida como este continuum de búsqueda de quién soy, no da cuenta de que algo sea, sino que tanto yo, como el mundo con el que me relaciono, siempre estamos siendo (Heidegger). En mi relación con el mundo, en la que siempre lo estoy comprendiendo, cambio mi modo de ser con cada comprensión ganada, y al hacerlo cambio el modo de ser del mundo. El mundo y yo nos retroalimentamos constantemente (por eso usualmente decimos que los pequeños gestos sí importan: al cambiar mi relación con algo o alguien que es parte de mi mundo, esa cambio afectara a lo otro y al mundo con el que se ese otro se relaciona).  

Si la existencia se va desarrollando como este ciclo infinito de cambios, en el que ni el mundo ni yo somos de una vez para siempre, no hay, entonces, cabida para lo absoluto, es decir, no hay dentro de la existencia humana espacio para el Ser, entendido como algo universalmente valido, fijo, eterno. El “Dios ha muerto” de Nietzsche apunta a este hecho, como también lo hará el ateísmo sartreano. Para Sartre, más que negar la existencia del Dios en términos religiosos, su ataque se centró en la irrelevancia de Dios en términos existenciales. Que Dios exista o no, no afecta en nada esta condición humana de encontrarnos continuamente en una búsqueda de sentido. La predestinación, el destino, e incluso un sistema moral que se pretenda universal son excluidos al momento de constatar que no hay algo en la existencia de la que se pueda decir “esto ES”. Lo único que “es” es mi existir, y en mi existir todo está siendo.  

Si no hay nada absoluto, si no hay divinidades o algo trascendente a nosotros del que podamos derivar nuestro sentido de vida, si hasta el bien y el mal están sujetos a lo que cada sociedad y época diga que es la moral, “¿Qué sentido tiene, entonces, la vida?”.  O como diría Camus: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. La filosofía y literatura de la existencia son, por excelencia, el pensar de crisis.

La existencia no tiene un sentido dado. ¿Qué significa esto? Significa que somos seres libres de otorgarle a la vida nuestro propio sentido. Significa que somos libres.  La libertad es una noción IMPORTANTÍSIMA para el existencialismo. Si no hay nada predeterminado, ni verdades universalmente válidas, existo constantemente teniendo que elegir entre disyuntivas. ¿Tomaré este camino de vida o este otro?, ¿volcare mi ser en esto o no?, ¿¿Qué hacer?? ¡No puedo decidir! He ahí tu decisión (elegiste no decidir) ¿Aun eres de los que dices que le gusta la idea de libertad? Para un existencialista, excepto por el hecho de que fuiste arrojado en este mundo, todo lo que venga después es una elección. Somos libres, es una condena, no podemos huir de ello, y porque somos libres, somos también responsables. Responsables de nuestros caminos de vida, de nuestras parálisis, de nuestras relaciones, de cómo nuestro hacer y obrar afecta el mundo que habitamos. En la existencia puede que no haya espacio para absolutos, para divinidades, pero la responsabilidad es tan radical como lo es la libertad.

Libertad = mundo de posibilidades abierto frente a nosotros. Libertad = elegir una posibilidad, y en esa elección clausurar otras miles. Libertad = responsabilidad por el resultado de esa elección,  haya sido previsto o no. Al ser conscientes de esta libertad y responsabilidad se despierta la conciencia de angustia.  

La angustia no es un “miedo a…” algo concreto, sino el temor (la parálisis, también) que invade al ser humano cuando se reconoce libre, como autor de su vida. La angustia surge porque el ser humano en su libertad se siente como en un abismo. Toda elección es una elección dentro de la incertidumbre. El futuro siempre está envuelto de riesgo. Y en los asuntos humanos, el riesgo así como el “seguro será” comparten 50-50% de posibilidad.  Se dirá que siempre existe la posibilidad de enmendar. Sí, pero enmendar no implica una vuelta al pasado, ni un “volver al buen camino” como si este hubiese existido paralelamente a nosotros. Enmendar es, una vez más, cambiar un camino por otro nuevo, redirigir un sentido de vida hacia otro. Lo vemos en la vida cotidiana: la persona casada que se divorcia o cuya pareja fallece no vuelve al estado de “soltería”, como si el matrimonio no hubiese existido, su estatus será el de divorciado o viudo. Legal y socialmente, su modo de ser en soledad, no será el modo de ser anterior.  

Por último, la libertad supone que uno tiene la libertad de decidir entre existir auténticamente o inauténtica. Aunque estos modos de existir fueron discutidos por los filósofos de distinta manera, en el existir autentico se asume la libertad que nos es inherente, la responsabilidad también, y en base a ello se va construyendo el propio camino de vida, el propio sentido, la propia verdad.  Ello no quiere decir rebeldía frente a lo establecido, sino decidir frente a lo dado, es decir, no heredo una creencia o sistemas de valores, sino que decido ser o no conforme a esa creencia o sistema; no heredo una manera de hacer las cosas, sino que decido hacerlas de determinada manera, aunque esa manera coincida con el modo como la hacen otros (la responsabilidad de hacerlo así fue mía); no me uno a una persona porque fui víctima del amor/pasión/arrebato, sino que decido amar. La existencia auténtica no es pasiva. La pasividad que supone el dejarse vivir es una existencia vivida con inautenticidad, donde la persona hereda el sentido de su vida, y así delega el peso de elegir y, por supuesto, el peso de la responsabilidad a otro.

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3 comentarios en “EXISTENCIALISMO

  1. Daniela dijo:

    Excelente!!! 🙂 De aquí viene la frase “yo lo que tengo es una crisis existencial” jaja Que imagino que surge cuando nos toca asumir la responsabilidad de nuestras decisiones.

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